martes, 18 de noviembre de 2008

La Pared

No. No me estoy refiriendo al temazo de Pink Floyd, que ya cansa de escucharlo tantas veces. (me suele pasar; ¡ahora por ejemplo me tiene harta Sólo le pido a Dios!)

El asunto es simple para mí y les da miedito a mis seres queridos.

El otrora Café del Sol, la famosa Pecera, llena de top tops en un principio y más popular en sus últimos tiempos, un buen día cerró.
Le bajaron la persiana.
Quedó un importante vacío en esa esquina. Tampoco ooooohh, pero mínimamente estaba bueno pasar y chusmear quién estaba (y mirarse en el reflejo).

Rredepente, obras. Refacciones. Papeles cubiertos de misterio en la Pecera.
¿Qué pondrán? Porque la esquina está potable. No, por favor, no un Mc Donald´s, ni (otra) una tienda de ropa.

Bueno.
Otro café.
Las mismas sillas, la misma barra, el mismo silloncito contra la pared.

Ay, la pared.

Ahora, todo es color violeta y tiza, luz negra con barra fosforescente al tono, y por supuesto, un nuevo detalle (... TAN igual no tiene que parecer... ).

El Rulo.

Por sí mismo no pasa nada, es un rulo.
Ahora, secuenciado y repetido al mejor estilo Warhol, trazo tiza sobre fondo violeta. Apuntando un reflector de luz negra. Ayuda la barra, eh.

Esa pared me pone nerviosa.
Tengo la sensación que se me viene encima y me aplasta.
Para completar cartones, ¡los individuales de papel con la misma secuencia y colores invertidos!
¡Y encima, si los das vuelta, del otro lado también se ve!

Adoro los ochenta; si fuera por mí congelaría el tiempo ahí.
Pero el lugar no tiene onda, es frío como el coro de Repsol,
y esa pared me perturba.

1 comentario:

Laura dijo...

"frio como el coro de repsol"

jajajajajajaja